jueves, 9 de febrero de 2012

LA BARRACA

La Barraca (Tomado de: Cristopher Maurer, Federico García Lorca, 1898-1936, Madrid, Editorial Autor,1998)








La filmación del grupo estudiantil La Barraca, de Gonzalo Menéndez Pidal, editada aquí por John Healey, recogió, en el verano de 1932, diversos momentos de las dos primeras salidas de aquellos "cómicos de la legua".
En una primera secuencia, los camiones de la agrupación salen por "los secos y pardos caminos de España" (palabras de Luis Sáenz de la Calzada; "La Barraca" Teatro Universitario, Madrid, 1976). Al llegar a un pueblo --probablemente, Almazán, julio de 1932--, se anuncia la función, se descarga el sencillísimo decorado, se monta el tablado ante un grupo de espectadores curiosos, y los actores se maquillan para una representación del entremés cervantino La guarda cuidadosa, de la que se ven varias escenas, con actuación de Jacinto Higueras, Diego Marín, Julita Rodríguez Mata, Alberto Quijano y otros.
Antes de la representación, sale García Lorca, para leer unas cuartillas introductorias: “Nosotros queremos representar y vulgarizar nuestro olvidado y gran repertorio clásico, ya que se da el caso vergonzoso de que teniendo los españoles el teatro más rico y hondo de toda Europa, esté para todos oculto; y tener encerradas prodigiosas voces poéticas es lo mismo que cegar la fuente de los ríos o poner toldo al cielo para no ver el estaño duro de las estrellas..." ("Al pueblo de Almazán", recogido en otra parte de este CD-ROM).
Más conmovedoras todavía son las escenas del auto sacramental La vida es sueño, entre ellas, la disputa de los cuatro elementos. El propio García Lorca sale al escenario, representando el papel de "Sombra". Ha comentado Ian Gibson que fue este el único papel que Federico "encarnaría durante los cinco años del teatro. El figurín de Benjamín Palencia, en cuyo diseño es posible que influyera el criterio del poeta, es impresionante: envuelto en voluminosos tules negros y con un extraño tocado bicorne del que penden otros tantos velos negros quele cubren la cara, Federico se mueve fantasmalmente por el escenario, escuchado y visto por el público pero con el rostro casi completamente oculto. Son unos brevísimos segundos de filme, pero bastan para transmitir el aura de misterio que Lorca supo dar a su personaje" (Federico García Lorca 2, p. 169).

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